Hay mujeres que siente la llamada de la maternidad. Otras sienten la llamada del ahorro y corren a asegurar sus coches o simplemente sienten la llamada de su móvil polifónico. Sí, sí... nosotras, también. Pero es que, además, nosotras sentimos la llamada porculera de la cartera, que tiene fijación por nuestro botón en el portero cada vez que tiene que venir a repartir cartas al bloque, o la llamada de mi suegra por el patio interior del edificio a horas tempranas para preguntarnos si vamos a bajar a comer o si nos toca currar el día en cuestión.
Es lo que tiene que RataSuegra viva en el bajo y tu unos pisos más arriba. RataSuegra debe de pensar para sí misma ¿¿para qué voy a llamarlas por teléfono o esperar a una hora decente??, doy unas voces por la ventana y seguro que me oyen; total, ya son las 7 de la mañana...
Y por supuesto que la oímos - como segura estoy de que la oirán el resto de vecinos - aunque tengamos la persiana bajada y doble ventanal (momento: aquí no hay quien pegue ojo). Pero, en fin, aparte de este pequeño inconveniente sin importancia que hace que un día que no tienes que madrugar ya no puedas pegar ojo (te-jodes-y-te-aguantas porque es la madre que parió a RataParda), tener a RataSuegra cerca de ti tiene grandes ventajas. La principal: nunca pasarás hambre, cosa que, con la hija, pasa de vez en cuando. ¿¿Que un día llegas a casa tarde y no hay cena??. No hay problema, llamamos por teléfono a TeleRataSuegra y la ponemos en preaviso. O mejor dicho, su hija la pone en preaviso: ¡¡mÁma (léase con acento en la Á), que vamos a bajar a subirnos cena!!. Así de fácil. Así de barato. Así de rico. Ah, y así de cómodo, porque yo me quedo en el sofá mientras baja ya sabéis quién para después subir cargada con un exquisito menú suegrastronómico.
De hecho, cierto día acontecido hace un mes, aproximadamente, sucedió algo que casi nos cuesta un bollodivorcio express. Era tarde y teníamos la nevera pelá y mondá. Aquella noche, RataParda no tenía mucha hambre, y por ello me dejó caer... "yo, con unos chocapís con leche, ceno...". Pero yo, aquella noche, no me iba a conformar con unos simples cereales, aunque todo su afán era que yo pasara por el aro. Tenía un hambre voraz y, tras hacer peloteos varios (que no favores sexuales a cambio de un plato de pasta,- ((¿¿o tal vez sí??, ya no me acuerdo... si lo hubo, debió de ser muy rápido, porque tenía un hambre que no veía))-), logré convencer a mi amada para que bajara a asaltar la nevera materna, cual pitbull, sabiendo que en ella se hallaba un exquisito plato de espaguetis con carne picada que llevaba mi nombre grabado. Pero aquella noche, la suerte no estaba de mi parte, pues acabé cenando los putos chocapis ya que RataParda tuvo la habilidad de tirar (bueno, vale, ok, se le cayó el plato) los espaguetis antes de salir del portal. Así que cuando subió a casa con las manos vacías, casi me la como a ella por dos razones: el hambre y la malaostia que se me puso.

Y por la hija que ha parido y sus recetas, qué menos que unas líneas de agradecimiento a mi suegra. A ella, que me dice ******, has engordado, pero que luego tuerce el morro si no te metes al cuerpo el plato de cocido rebosante con su chorizo, sus garbanzos etc... Hay que joderse, ¿en qué quedamos?... si te lo comes todo, mal, luego estás gorda. Si no, también. Joder, el otro día me puso un cuenco de gazpacho interminable, y mira que me gusta el gazpacho, pero un poco más y me sale por las orejas. Ya le dije: ¡¡¡no vuelvas a ponerme ya más nunca ese cuenco azul, nunca se acaba!!!. Ella y su hija se confabularon contra mí. Pretendían que de segundo me metiera al cuerpo 2 filetes empanados... ¿¿¿y sabéis qué???... al final, me los metí.
Que le vamos a hacer. 4 tetas siempre podrán más que 2.
¡¡VIVAN LAS RECETAS DE MI SUEGRA, AY!!